la macarena los del Río

Portada del disco La Macarena, de los del Río

La Macarena – Los del Río

La primera vez que escuché La Macarena yo estaba zampándome un bocadillo de sardinillas frente al televisor. (Recuerdo también lo que estaba haciendo cuando vi un avión estrellándose contra una de  las torres gemelas, y también cuando mataron a John Lennon).

– Vaya mierda – dije.

Mi madre, siempre consecuente con el método espartano de educación que había decidido aplicarme, me soltó un pescozón de grado dos (ignoro si porque pensó que me estaba refiriendo al bocadillo que con tanto amor había tenido a bien patrocinarme o porque al realizar mi vehemente apreciación con la boca llena había llenado de migas aceitosas y a medio regurgitar el hule).  El caso es que mientras me autoaplicaba con la izquierda un vendaje compresivo en la cabeza, pensé: “estos dos no van a vender un p… disco”.

14 millones de copias. Tengo yo un ojo clínico….

los del rio

La cuestión es que aunque no he sido nunca un fan de Los del Río, les había escuchado cosas mejores: recordará por ejemplo más de uno aquélla canción que decía “Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende…”. Comparado con ésta, La Macarena es un truño de dimensiones edificables, y no ya tan sólo porque la canción se componga de dos acordes y la letra sea merecedora de estar tipificada como delito en el código penal. No. Es que además su puesta en escena me provoca las mismas sensaciones que si por ejemplo viera en Instagram  un selfie de mis colegas con mi abuela paterna.

Porque vamos a ver. A estos señores de la foto de la izquierda uno se los puede imaginar provocando kilométricas retenciones en la barra de un bar de tapas en Triana,  sirviendo de imagen para la venta de una nueva gama de empajadoras (había por cierto un anuncio de maquinaria agrícola  cuando yo era un crío que protagonizaba un actor estadounidense que creo que hacía de camionero en una serie y que era clavado al moreno de los dos hermanos en este sentido [si alguien me puede dar más datos, será convenientemente mencionado en mis oraciones nocturnas])  o -si hemos de aterrizar en el terreno musical- arrancándose por algún palo que no requiera de una bipedestación prolongada. Pero desde luego, no protagonizando el vídeo que viene a continuación y en el que sólo les falta gritar “¡Que vienen las suecaaaas!”.

En fin, vamos con la letra:

La canción de La Macarena empieza (y termina) con el estribillo, el cual se repite ¡dieciséis veces! a lo largo de toda la canción. Cual gota malaya, una y otra vez los del Río ponen en nuestro conocimiento estas palabras que ya han pasado a la posteridad:

Dale a tu cuerpo alegria Macarena
que tu cuerpo es pa’ darle alegria y cosa buena
dale a tu cuerpo alegria Macarena
eeeh Macarena…. aaahe!

De forma similar a lo que ya ocurriera con cierta entrañable gallinácea en el Baile de los pajaritos, la idea de esta canción es corromper a su protagonista -la Macarena-, a la sazón y por lo expuesto provista de una estructura ósea digna de mención. El silogismo subyacente es:

  1. La Macarena está buena.
  2. La Macarena me pone burraco (no es imprescindible que esta premisa se dé a la inversa)
  3. Voy a darle a la interfecta “alegría y cosa buena”

Lo de “cosa buena” lo dejaré supeditado a la recta interpretación de cada uno, pero que me aspen si la expresión no es intercambiable por la de “te voy a meter de todo menos miedo”. En cualquier caso, los parámetros de interacción personal tipo respuesta/estímulo sugeridos por los del Río ante la aparición de una señorita de buen ver parecen  inspirados en las películas de Pajares y Esteso.

Macarena tiene un novio que se llama
que se llama de apellido Vitorino
y en la jura de bandera del muchacho
se la dio con dos amigos
aaahe!

Por lo que se explica en la Macarena antes del “aahe” (pronunciar como si estuviéramos a punto de soltar un gargajo con personalidad jurídica), en lo que el tal Vitorino servía a la patria,  hacía  la vez honor a la ganadería taurina con la que comparte apellido. Uno podría preguntarse -de tener tiempo y ganas de buscar los tres pies al gato- qué impulsa a una novia a acudir a la jura de bandera de su media naranja para -en el interín- proveerlo de una cornamenta inapelable con dos amigos (ignoramos si los amigos eran de la Macarena, del cornudo o lo eran entre sí y con reciprocidad). Quizás -no es por disculpar a la muchacha- el tal Vitorino no fuera trigo limpio, quizás los dos amigos eran precisamente los del Río… Como diría Iker Jiménez: “es un misterio, Carmen”.

Macarena, Macarena, Macarena
que te gustan los veranos de Marbella
Macarena, Macarena, Macarena
que te gustan las movidas guerrilleras
aaahe!

Como me enseñaron que tras toda letra de canción se esconde una intención y un mensaje, he desarrollado el vicio de intentar ponerme en la cabeza de cada compositor cuando me enfrento a sus obras. Esto me lleva a callejones sin salida, del tipo: ¿qué relación enfermiza desemboca de los veranos en Marbella a las movidas guerrilleras? ¿Confundieron los autores -visto lo visto- guerrilleras con guarrilleras? ¿Para los del Río el Che Guevara era el precursor de David Guetta?

Macarena sueña con el corte inglés
y se compra los modelos mas modernos
le gustaria vivir en Nueva York
y ligar un novio nuevo
aaahe!

Si interpretamos de manera literal la estrofa precedente, la secuencia de acontecimientos sería más o menos ésta:

  1. La Macarena sueña con el Corte Inglés (ojo, no con que compra en el Corte Inglés, sino con el Corte Inglés en su totalidad, como entidad abstracta susceptible de interactuar y ser oníricamente cognoscible [con perdón])
  2. Por alguna razón que ignoro, en lugar de adquirir ropa en el citado establecimiento, la buena mujer lo que se lleva a su casa son los maniquís, y concretamente esos tan modernos a los que les han seccionado de manera trasversal la cabeza.
  3. Habida cuenta de que por lo visto ya se ha pasado por la piedra a todos los varones en edad de merecer del estado español, no le queda más remedio a nuestra sufrida Macarena que hacer las américas en pos de un novio nuevo que no resulte ser reincidente respecto de la inevitable consecución de sus apetencias carnales.

La Macarena es la canción española más vendida de la historia, y entre otros despropósitos colaterales fue utilizada para la campaña de reelección del presidente de los EEUU Bill Clinton. (que casualmente residía en Nueva York por aquellos tiempos en que cierta señorita ligera de cascos buscaba novio)

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