ave maría de david bisbal la peor canción de la historiaAve María – David Bisbal

El género religioso aplicado a la música nos ha deparado obras de arte compuestas por genios del calibre de Shubert o María Ostiz. Del primero es la autoría del segundo Ave María  más conocido de la historia (según Google), por detrás de la canción que hoy nos ocupa.

Puede chocar  que bajo un título de inequívoca advocación cristiana se esconda una letra tan terrenal (amén de mala y marranota, todo hay que decirlo). Tengo para mí -dicho sea en descargo de su intérprete- que cuando le sugirieron el nombre de la canción al bueno de Bisbal, nuestro almeriense más internacional confundió “Ave María” con  “A ve’, María”. Sólo así se explica que lo que promete ser una recogida y trascendente plegaria a la madre de Dios acabe transformándose  en el insoportable gañido de un pagafantas con priapismo ante la cerrazón pélvica de la calientarizos de turno,  y también que David Bisbal no haya sido fulmimantemente excomulgado por la conferencia episcopal por cantar esta celebérrima estrofa:

Ave maría, ¿cuándo serás mía?
si me quisieras, todo te daría
Ave maría, ¿cuándo serás mía?
al mismo cielo yo te llevaría

Porque supongamos  por un momento que a la que Bisbal piensa mandar al ciberespacio de un meneo sexuarr es a la mismísima virgen María. No sé, imaginemos que el muchacho tiene un complejo de Edipo de tal magnitud que -no bastándole con poner mirando a Cuenca a su progenitora- decide trepar por su árbol genealógico y pasarse por la piedra a la madre del cordero pascual (por así decirlo). Si omitimos la diferencia de edad -inapreciable si la comparamos con la que suelen exhibir las put… novias que se echa pal gollete el Berlusconi ese-  y la no desdeñable posibilidad de que en el interín David Bisbal se convirtiera en tío de Jesucristo, padre del segundo heredero en la línea de sucesión a la todopoderosidad  y una especie de cuñado putativo de Dios, la historia tiene los dos ingredientes esenciales de los culebrones venezolanos: cuernos e hijos de filiación dudosa.

Y en materia de cornamentas está claro que san José se lleva la palma (con perdón), al alimón si acaso con el celebérrimo Vitorino, el novio de la Macarena. Nuestro pobre carpintero, en proceso aún de asimilar que Dios le hizo a su esposa (virgen, para más inri -y nuevamente con perdón-) un bombo por poderes a través una paloma viciosilla, va y pilla a su santa en el pesebre conyugal amancebada con un cantante español de pop venido del futuro. Cuando María le dijo: te lo puedo explicar todo, el hombre se ve que salió por patas gritando “¡Otra vez no, que me lías!” y no paró hasta Sodoma.

Pero sigamos con la letra:

y cuando yo te veo, no sé lo que siento
y cuando yo te tengo, me quemo por dentro
y más y más de ti yo me enamoro
tú eres lo que quiero, tú eres mi tesoro

tu eres mi tesoro

Si alguien a estas alturas aún confiaba en que el Ave María era en el fondo un canto de amor puro y devoto a la madre de Dios, creo que habrá salido de su error al leer la estrofa precedente. Queda acreditado que ante la pertinaz negativa de la moza a tener algo más que palabras con su pretendiente, nuestro ricitos de oro fue acumulando un calentón importante en la zona escrotal con la suficiente entidad para mantener en alerta dos a los retenes de protección civil de las comarcas colindantes. De ahí que el interfecto adopte los andares y forma de expresión del gollum (“mi tesoroooo”) para referirse al objeto de su quebranto (vulgo “dolor de huevos”)

Sin ti me siento tan perdido
enséñame la salida
llévame siempre contigo
protégeme con tu cariño
enciéndeme con tu fuego
y ya más nada te pido, nada te pido

Tras implorarle que le enseñe “la salida” (¿María Magdalena?), David dedice enviarle a la Mari el mensaje típico de los  VIDs (Vírgenes Inasequibles al Desaliento),  ese que dice “eres la mujer de mi vida, y prometo recordártelo de forma expresa y reiterativa hasta el fin de los tiempos o hasta que echemos un polvo (lo que llegue antes)”

Previo a martirizarnos con el Ave María, David Bisbal irrumpió en nuestras vidas como concursante de Operación Triunfo (antes había intervenido sin éxito en el malogrado reality “la broca humana”, donde sus giros vertiginosos se demostraron ineficaces en la prueba del cemento inyectado).

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