Que no canción de pedro Marín

Que no – Pedro Marín

A principio de los años ochenta se produjeron en España dos desconcertantes descubrimientos sociológicos:  Que los hombres no compraban la revista Interviu para leer los reportajes, y que buena parte de las mujeres no acudían a los conciertos para escuchar música.

El fenómeno «fan», que perdura hasta nuestros días, consiste en esencia en subir a un escenario a un tipo que no saldría vivo ni de un garito de moteros ni de un bar de ambiente (por motivos diferentes, of course), vestirlo con la ropa de su hermana (cambiando de sitio los rellenos) y dejar que berree cualquier despropósito musical mientras pone cara de estar liberando con la lengua un trozo de pollo atascado entre los premolares. Con tan sencillos ingredientes (y unos cuantos milloncejos invertidos en una inmisericorde campaña de marketing) se consigue desencadenar la furia hormonal de miles de adolescentes, traducida en espeluznantes alaridos de histeria capaces de acabar hasta con la corchea más resistente. Se llegaron a dar casos en que el sistema de amplificación del concierto falló y las fans ni se dieron cuenta.

leif garretGrandes exponentes del fenómeno fan fueron un tal Iván (pronúnciese por separado si no quiere tener problemas con la cía), los Pecos («el rubio, el moreno, los dos están muy buenos», jaleaba la horda de chicas románticas que les seguía), Chan y Chevi (nunca le pidas al payaso de micolor que te busque un nombre artístico), Leif Garret (en la foto de la derecha, antes y después de acabar con todas las existencias de nandrolona de Minnesota tras abrir los frascos a cabezazos), los teens, Mabel, Gonzalo y otros tantos produc… artistas que poblaron el panorama musical español y las carpetas de las prepúberes.

Y dentro de estre muestrario de seres andróginos con derecho a póster hemos de reservar el lugar que le corresponde al amigo Pedro Marín, que en los ochenta perpetró temas del calibre de «Aire» ,  «Cantaré»,  «Puente de colores» y  «Laura». Desde luego, lo que no se le puede discutir al muchacho es que no haya sido consecuente con su carrera musical: todos sus hits son  una mierd…. de un nivel de calidad similar.

Hoy nos detendremos en uno de los éxitos más sonados de pedro Marín, que lleva por título  «Que no» .Originalmente se iba a llamar «el dulce aleteo de tu quizás», pero nuestro protagonista no acababa de verlo y optó por un título más categórico y con menos fricativas.

La letra es el arquetipo de la rima consonante, pero a través del novedoso método de rimar cada palabra final consigo misma. A modo de ejemplo, la primera estrofa:

Loco, poco a poco por ti,
hablo solamente de ti,
sólo, encerrado en ti,
muero lentamente sin ti.

Con dos cojones. Mientras Machado y compañía se devanaban los sesos buscando términos que rimaran y que a la par mantuvieran el sentido del poema, el autor de la presente sonata descubrió los beneficios de la estrofa a piñón, en la cual da igual cómo empieces, porque de antemano se sabe dónde vas a acabar (en ti, más concretamente).

No, que no, que no,
quisiera verte, no.
Que no, que no.
Más tarde, ahora no.
Que no, que no.
Me dices sí, y es no.

Descubierta la fórmula magistral de la rima/bucle, tan sólo era cuestión de sacarle partido: de 26 palabras contenidas en la estrofa, que y/o no aparecen en ¡15 ocasiones!. Mi sobrina de 5 años cuando quiere que le compre chuches es menos reiterativa. Por lo demás, el protagonista del temazo Que no presenta todos los síntomas de padecer un trastorno obsesivo compulsivo merecedor de una orden de alejamiento. Vean la siguiente estrofa, si aún no están convencidos:

Que no,
no aguanto esta tortura,
basta, no.
Que no, que no.
Te quiero pero no.
Que no, que no.
Prefiero ser su no.
Que no, que no
Te niegas si es que no.
Que no, que no.
No aguanto esta tortura…

Y así hasta el infinito y más allá. Mención especial para el críptico «te niegas si es que no», merecedora de pasar a los anales  como la frase peor construída de la historia.

El video de la canción Que no es sin duda fruto de la venganza de algún realizador contra el bueno de Pedro Marín. Sobre un fondo psicocutre le hicieron al pobre interpretar la pieza musical mientras sufría un brote agudo de epilepsia (o eso o le enseñó a bailar mi abuela)

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ave maría de david bisbal la peor canción de la historiaAve María – David Bisbal

El género religioso aplicado a la música nos ha deparado obras de arte compuestas por genios del calibre de Shubert o María Ostiz. Del primero es la autoría del segundo Ave María  más conocido de la historia (según Google), por detrás de la canción que hoy nos ocupa.

Puede chocar  que bajo un título de inequívoca advocación cristiana se esconda una letra tan terrenal (amén de mala y marranota, todo hay que decirlo). Tengo para mí -dicho sea en descargo de su intérprete- que cuando le sugirieron el nombre de la canción al bueno de Bisbal, nuestro almeriense más internacional confundió «Ave María» con  «A ve’, María». Sólo así se explica que lo que promete ser una recogida y trascendente plegaria a la madre de Dios acabe transformándose  en el insoportable gañido de un pagafantas con priapismo ante la cerrazón pélvica de la calientarizos de turno,  y también que David Bisbal no haya sido fulmimantemente excomulgado por la conferencia episcopal por cantar esta celebérrima estrofa:

Ave maría, ¿cuándo serás mía?
si me quisieras, todo te daría
Ave maría, ¿cuándo serás mía?
al mismo cielo yo te llevaría

Porque supongamos  por un momento que a la que Bisbal piensa mandar al ciberespacio de un meneo sexuarr es a la mismísima virgen María. No sé, imaginemos que el muchacho tiene un complejo de Edipo de tal magnitud que -no bastándole con poner mirando a Cuenca a su progenitora- decide trepar por su árbol genealógico y pasarse por la piedra a la madre del cordero pascual (por así decirlo). Si omitimos la diferencia de edad -inapreciable si la comparamos con la que suelen exhibir las put… novias que se echa pal gollete el Berlusconi ese-  y la no desdeñable posibilidad de que en el interín David Bisbal se convirtiera en tío de Jesucristo, padre del segundo heredero en la línea de sucesión a la todopoderosidad  y una especie de cuñado putativo de Dios, la historia tiene los dos ingredientes esenciales de los culebrones venezolanos: cuernos e hijos de filiación dudosa.

Y en materia de cornamentas está claro que san José se lleva la palma (con perdón), al alimón si acaso con el celebérrimo Vitorino, el novio de la Macarena. Nuestro pobre carpintero, en proceso aún de asimilar que Dios le hizo a su esposa (virgen, para más inri -y nuevamente con perdón-) un bombo por poderes a través una paloma viciosilla, va y pilla a su santa en el pesebre conyugal amancebada con un cantante español de pop venido del futuro. Cuando María le dijo: te lo puedo explicar todo, el hombre se ve que salió por patas gritando «¡Otra vez no, que me lías!» y no paró hasta Sodoma.

Pero sigamos con la letra:

y cuando yo te veo, no sé lo que siento
y cuando yo te tengo, me quemo por dentro
y más y más de ti yo me enamoro
tú eres lo que quiero, tú eres mi tesoro

tu eres mi tesoro

Si alguien a estas alturas aún confiaba en que el Ave María era en el fondo un canto de amor puro y devoto a la madre de Dios, creo que habrá salido de su error al leer la estrofa precedente. Queda acreditado que ante la pertinaz negativa de la moza a tener algo más que palabras con su pretendiente, nuestro ricitos de oro fue acumulando un calentón importante en la zona escrotal con la suficiente entidad para mantener en alerta dos a los retenes de protección civil de las comarcas colindantes. De ahí que el interfecto adopte los andares y forma de expresión del gollum («mi tesoroooo») para referirse al objeto de su quebranto (vulgo «dolor de huevos»)

Sin ti me siento tan perdido
enséñame la salida
llévame siempre contigo
protégeme con tu cariño
enciéndeme con tu fuego
y ya más nada te pido, nada te pido

Tras implorarle que le enseñe «la salida» (¿María Magdalena?), David dedice enviarle a la Mari el mensaje típico de los  VIDs (Vírgenes Inasequibles al Desaliento),  ese que dice «eres la mujer de mi vida, y prometo recordártelo de forma expresa y reiterativa hasta el fin de los tiempos o hasta que echemos un polvo (lo que llegue antes)»

Previo a martirizarnos con el Ave María, David Bisbal irrumpió en nuestras vidas como concursante de Operación Triunfo (antes había intervenido sin éxito en el malogrado reality «la broca humana», donde sus giros vertiginosos se demostraron ineficaces en la prueba del cemento inyectado).

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la macarena los del Río

Portada del disco La Macarena, de los del Río

La Macarena – Los del Río

La primera vez que escuché La Macarena yo estaba zampándome un bocadillo de sardinillas frente al televisor. (Recuerdo también lo que estaba haciendo cuando vi un avión estrellándose contra una de  las torres gemelas, y también cuando mataron a John Lennon).

– Vaya mierda – dije.

Mi madre, siempre consecuente con el método espartano de educación que había decidido aplicarme, me soltó un pescozón de grado dos (ignoro si porque pensó que me estaba refiriendo al bocadillo que con tanto amor había tenido a bien patrocinarme o porque al realizar mi vehemente apreciación con la boca llena había llenado de migas aceitosas y a medio regurgitar el hule).  El caso es que mientras me autoaplicaba con la izquierda un vendaje compresivo en la cabeza, pensé: «estos dos no van a vender un p… disco».

14 millones de copias. Tengo yo un ojo clínico….

los del rio

La cuestión es que aunque no he sido nunca un fan de Los del Río, les había escuchado cosas mejores: recordará por ejemplo más de uno aquélla canción que decía «Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende…». Comparado con ésta, La Macarena es un truño de dimensiones edificables, y no ya tan sólo porque la canción se componga de dos acordes y la letra sea merecedora de estar tipificada como delito en el código penal. No. Es que además su puesta en escena me provoca las mismas sensaciones que si por ejemplo viera en Instagram  un selfie de mis colegas con mi abuela paterna.

Porque vamos a ver. A estos señores de la foto de la izquierda uno se los puede imaginar provocando kilométricas retenciones en la barra de un bar de tapas en Triana,  sirviendo de imagen para la venta de una nueva gama de empajadoras (había por cierto un anuncio de maquinaria agrícola  cuando yo era un crío que protagonizaba un actor estadounidense que creo que hacía de camionero en una serie y que era clavado al moreno de los dos hermanos en este sentido [si alguien me puede dar más datos, será convenientemente mencionado en mis oraciones nocturnas])  o -si hemos de aterrizar en el terreno musical- arrancándose por algún palo que no requiera de una bipedestación prolongada. Pero desde luego, no protagonizando el vídeo que viene a continuación y en el que sólo les falta gritar «¡Que vienen las suecaaaas!».

En fin, vamos con la letra:

La canción de La Macarena empieza (y termina) con el estribillo, el cual se repite ¡dieciséis veces! a lo largo de toda la canción. Cual gota malaya, una y otra vez los del Río ponen en nuestro conocimiento estas palabras que ya han pasado a la posteridad:

Dale a tu cuerpo alegria Macarena
que tu cuerpo es pa’ darle alegria y cosa buena
dale a tu cuerpo alegria Macarena
eeeh Macarena…. aaahe!

De forma similar a lo que ya ocurriera con cierta entrañable gallinácea en el Baile de los pajaritos, la idea de esta canción es corromper a su protagonista -la Macarena-, a la sazón y por lo expuesto provista de una estructura ósea digna de mención. El silogismo subyacente es:

  1. La Macarena está buena.
  2. La Macarena me pone burraco (no es imprescindible que esta premisa se dé a la inversa)
  3. Voy a darle a la interfecta «alegría y cosa buena»

Lo de «cosa buena» lo dejaré supeditado a la recta interpretación de cada uno, pero que me aspen si la expresión no es intercambiable por la de «te voy a meter de todo menos miedo». En cualquier caso, los parámetros de interacción personal tipo respuesta/estímulo sugeridos por los del Río ante la aparición de una señorita de buen ver parecen  inspirados en las películas de Pajares y Esteso.

Macarena tiene un novio que se llama
que se llama de apellido Vitorino
y en la jura de bandera del muchacho
se la dio con dos amigos
aaahe!

Por lo que se explica en la Macarena antes del «aahe» (pronunciar como si estuviéramos a punto de soltar un gargajo con personalidad jurídica), en lo que el tal Vitorino servía a la patria,  hacía  la vez honor a la ganadería taurina con la que comparte apellido. Uno podría preguntarse -de tener tiempo y ganas de buscar los tres pies al gato- qué impulsa a una novia a acudir a la jura de bandera de su media naranja para -en el interín- proveerlo de una cornamenta inapelable con dos amigos (ignoramos si los amigos eran de la Macarena, del cornudo o lo eran entre sí y con reciprocidad). Quizás -no es por disculpar a la muchacha- el tal Vitorino no fuera trigo limpio, quizás los dos amigos eran precisamente los del Río… Como diría Iker Jiménez: «es un misterio, Carmen».

Macarena, Macarena, Macarena
que te gustan los veranos de Marbella
Macarena, Macarena, Macarena
que te gustan las movidas guerrilleras
aaahe!

Como me enseñaron que tras toda letra de canción se esconde una intención y un mensaje, he desarrollado el vicio de intentar ponerme en la cabeza de cada compositor cuando me enfrento a sus obras. Esto me lleva a callejones sin salida, del tipo: ¿qué relación enfermiza desemboca de los veranos en Marbella a las movidas guerrilleras? ¿Confundieron los autores -visto lo visto- guerrilleras con guarrilleras? ¿Para los del Río el Che Guevara era el precursor de David Guetta?

Macarena sueña con el corte inglés
y se compra los modelos mas modernos
le gustaria vivir en Nueva York
y ligar un novio nuevo
aaahe!

Si interpretamos de manera literal la estrofa precedente, la secuencia de acontecimientos sería más o menos ésta:

  1. La Macarena sueña con el Corte Inglés (ojo, no con que compra en el Corte Inglés, sino con el Corte Inglés en su totalidad, como entidad abstracta susceptible de interactuar y ser oníricamente cognoscible [con perdón])
  2. Por alguna razón que ignoro, en lugar de adquirir ropa en el citado establecimiento, la buena mujer lo que se lleva a su casa son los maniquís, y concretamente esos tan modernos a los que les han seccionado de manera trasversal la cabeza.
  3. Habida cuenta de que por lo visto ya se ha pasado por la piedra a todos los varones en edad de merecer del estado español, no le queda más remedio a nuestra sufrida Macarena que hacer las américas en pos de un novio nuevo que no resulte ser reincidente respecto de la inevitable consecución de sus apetencias carnales.

La Macarena es la canción española más vendida de la historia, y entre otros despropósitos colaterales fue utilizada para la campaña de reelección del presidente de los EEUU Bill Clinton. (que casualmente residía en Nueva York por aquellos tiempos en que cierta señorita ligera de cascos buscaba novio)

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El baile de los Pajaritos - María Jesús y su acordeón

 

El baile de los pajaritos – María Jesús y su acordeón

 

La primera vez que escuché esta canción yo era un niño y estaba con mis padres de veraneo en una bonita localidad de la costa catalana. Estaríamos a finales de agosto y eran las fiestas del pueblo, que en Catalunya tradicionalmentre constan de baile popular, castillo de fuegos artificiales y posterior tormenta con abundante aparajo eléctrico y riada malaje que suele acabar con la mayoría del ganado bovino flotando a lo largo del litoral mediterráneo.

Habían montado para la ocasión un pequeño escenario en la playa y una orquesta de medio pelo iba desgranando los hits del año. Tocaron en un momento dado El Baile de los Pajaritos, de una tal María Jesús y su acordeón. Recuerdo que de repente mi madre, que siempre se ha preciado de detestar la música, empezó a menearse como si hubiera sufrido un ataque de escoliosis. Mi hermano y yo la miramos con pasmo, dudando entre si jalearla o llamar a emergencias, y en estas que mi padre se arrancó también, haciendo cosas extrañísimas con las manos y las caderas. Parecían dos lunáticos con incontinencia urinaria pugnando por incubar un huevo de pterodáctilo.

El baile de los pajaritos no fue compuesto por María Jesús y su acordeón (por ninguno de los dos) sino por un tal Werner Thomas. Originalmente se llamaba el baile del pollo (chicken dance), y fue interpretado en otras villas de Europa por artistas del calado de Al Bano y Romina Power, que convirtieron el pollo en pato (Il ballo del qua qua). María Jesús remató la transformación del pobre animal, transformándolo por alguna razón que se me escapa en la primera gallinácea voladora de la historia.

 

El baile de los pajaritos fue una de las primeras canciones que traía incorporada su propia coreografía, precursora en este sentido de temazos como Gangnam Style, la Macarena y el Aserejé. Estaba dicha coreografía estructurada en cuatro pasos que representaban sucesivamente al palmípedo piando como un poseso, tratando luego de remontar el vuelo con poderosos –aunque cinemáticamente inútiles- movimientos de axila, pergeñando después un twerking rupestre, para pasar por último a aplaudir con desfachatez y saña el despropósito precedente. Ante el éxtasis sicalíptico de los proveedores de prótesis de cadera, miles de jubilados en edad de perecer se empecinaron en descuajaringarse la pelvis acompañando con entusiásticos y preocupantes crujidos óseos los acordes del baile de los pajaritos.

La letra de El baile de los pajaritos –como no podía ser de otra manera- estaba a la altura del título y la coreografía. Empieza como sigue:

Pajaritos, a bailar.

Cuando acabas de nacer,

tu colita has de mover.

Ante esta rima consonante con que empieza la canción de los pajaritos se me plantean varias preguntas: ¿Qué se supone que le estamos pidiendo al pollo que haga a tan tierna edad? ¿Qué opina Save the Chicken de esto? ¿Estamos ante un caso flagrante de corrupción de aves de corral?

Porque llamadme mal pensado por convertir el inocente baile de un polluelo recién nacido en algo lúbrico e indecente, pero es que un poco más adelante María Jesús (y su acordeón) nos da instrucciones precisas sobre la dinámica del “baile” de los pajaritos:

El piquito has de mover

y las plumas sacudir,

la colita remover.

Las rodillas doblarás,

dos saltitos tú darás

y volarás.

En el baile de los pajaritos de maría jesús y su acordeón los pollos tienen rodilla

Esto es, para poder “volar” nuestro pajarito ha de mover el piquito (¿?), sacudirse la pluma y remover (según el diccionario, agitar de forma rítmica una cosa) la colita. Pero no contenta con prostituir al animal, doña María Jesús (y su acordeón) acaba de transmutarlo proveyéndolo de ¡rodillas! que como no podía ser de otra manera le sirven a tan aberrante criatura para ponerse mirando a Cuenca y dar saltitos (dos)

Y la cosa no acaba ahí:

Es día de fiesta,

baila sin parar,

vamos a volar tú y yo

cruzando el cielo azul

y el ancho mar.

No contenta con corromper a nuestro indefenso polluelo, entran en escena las drogas (salvo que nuestra ínclita María Jesús además de acordeón tuviera alas con que volar con el sufrido animal, o subsidiariamente pretendiera montarlo cual desquiciada amazona), y aprovechando que es festivo se pegan un viaje por mar y aire de agárrate y no te menees.

Y por si no os quedara claro que el baile de los pajaritos es en el fondo una apología de la explotación de menores, aquí viene la última estrofa:

Pajaritos, a bailar,

el más joven saltará,

el mayor se moverá.

No hemos terminado aún,

bailaremos sin parar

hasta la noche acabar.

¿El más joven saltará? ¿El mayor se moverá? ¿Qué enfermiza asociación de ideas es capaz de convertir un sencillo manual de vuelo para aves no voladoras (que ya es tener mala baba) en un carrusel de depravación palmípeda? ¿Qué trauma infantil sufrieron María Jesus y su acordeón con el pato Donald? ¿Es el baile de los pajaritos la canción bandera de los pedornitofílicos?

maria_jesus_y_su_acordeon

No se le conocen (yo, al menos) más éxitos a María Jesús y su acordeón al margen del Baile de los pajaritos, aunque la wikipedia dice que grabó más de 50 discos. En la actualidad la veterana cantante actúa en pequeñas salas en Benidorm, mostrando ante el asombro de jubilados y turistas una piel nacarada espeluznantemente irreal, fruto de una inquietante simbiosis con su acordeón (la foto de la izquierda es la que preside en el momento de escribir estas líneas la web de María Jesús y su acordeón  y juro que si alguien la ha retocado no he sido yo)

Si El baile de los Pajaritos es para ti la peor canción de la historia vota. (Recuerda, tantas más estrellas, peor para ti es esta canción)

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